Colegio de Arquitectura

Un TECHO en plena emergencia

Un TECHO en plena emergencia

Para pensar en atender o ser parte de la solución de una situación de emergencia, nuestro entendimiento o conscientización acerca de la situación misma, no debería de empezar con el hecho de la llegada de una catastrofe natural, debemos de entender que la verdadera catastrofe que estamos tratando de atender, es una catastrofe social que golpea con fuerza a través de una estructura de desigualdad y exclusión social, que ha dado como resultado una situación agravante de pobreza en la que muchas personas viven en nuestra región.

Es por esto que debemos de recordar que la precariedad habitacional es uno de los retos prioritaros y urgentes que se deben de abordar en los países de toda la región latinoamericana, aún cuando no llegue una catastrofe natural. Ya que quienes hemos conocido algún asentamiento o comunidad en situación de pobreza, hemos sido testigos de la cotidianidad en la vida de personas que poseen viviendas con materiales o metodos constructivos de muy mala calidad, y que aún así deben de estudiar y trabajar dignamente por largas horas tratando de sobrevivir ante la ausencia y el abandono por parte de los programas sociales del sector público.

Así que cada vez que llega un huracán, un terremoto o la erupción de un volcán dejando numerosas perdidas a su paso, debemos de ser conscientes de que no se trata de un problema que inició en ese momento, sino que probablemente lleve decadas de no ser atendido por parte de la sociedad, por lo tanto, debe de ser abordado con la prontitud que merece a través de un programa de vivienda de emergencia que al mismo tiempo que brinda una solución concreta que resuelve una situación de urgencia, pueda fortalecer las capacidades comunitarias para que sus habitantes puedan potenciar su desarrollo en un mediano y largo plazo, junto al involucramiento de diferentes actores.

También deberíamos de incorporar a cualquier escenario de emergencia en el que actuemos de ahora en adelante, que en el año 2021 la pobreza extrema en la región latinoamericana alcanzó al 13,8% de la población y la de pobreza llegó al 32,1%, en números absolutos esto representa que el número de personas en situación de pobreza extrema pasó de 81 a 86 millones, mientras que el número total de personas en situación de pobreza pasó de 204 a 201 millones, según el Panorama Social 2021 de CEPAL. Esto quiere decir que aún cuando los países de la región experimentaron cierta recuperación económica en 2021, los niveles porcentuales y absolutos estimados de pobreza y de pobreza extrema se han mantenido por encima de los registrados en 2019, antes de la llegada de la pandemia. Hay que reconocer que el tiempo en el que vivimos, más allá de ser una pandemia, es una crisis social muy fuerte que ha logrado acrecentar la vulnerabilidad de nuestras sociedades, especialmente de las personas con menos recursos, generando un retroceso de 30 años en temas de superación de pobreza.

Tomando todo lo anterior en cuenta, a continuación se presenta una serie de puntos con los que un programa de vivienda de emergencia debería de cumplir para su implementación. Una vivienda de emergencia debe ser:

  1. Una solución inmediata: para las familias beneficiarias no pueden esperar un día más en las mismas condiciones. Emergencia significa urgencia.
  2. Modular: para poder ser transportable, armable y desarmable en poco tiempo.
  3. Un primer paso: pues no se trata de dar una solución definitiva, sino más bien una solución concreta que funcione como un habilitador de oportunidades.
  4. Un trabajo en conjunto: en el centro siempre deben estar las personas beneficiadas, en especial aquellas que pertenecen a grupos más vulnerables, de manera que el involucramiento del resto de actores sea horizontal y consciente de eso.
  5. Una denuncia: de la situación anterior, actual y futura de las familias beieficiarias. El trabajo no termina con una vivienda de emergencia porque hay muchos otros derechos que continuan siendo vulnerados para estas personas.
  6. Una solución escalable: para poder llegar a la mayor cantidad de familias con necesidad, en el menor tiempo posible.
  7. Una solución segura: que permita a un grupo familiar sentirse a salvo y fuera de condiciones insalubres para tener un desarrollo adecuado, física y mentalmente.
  8. Una solución progresiva: para que se considere como un punto inicial de un proceso de construcción a corto y mediano plazo.
  9. Comunitaria: para que a través de un proceso colectivo se logren fortalecer las capacidades de sus participantes, principalmente la organización y participación en la promoción del desarrollo.
  10. Digna: para que devuelva a las familias damnificadas el valor moral que han perdido tras sus diversas perdidas por el acontecimiento que recien sucedio.

La conceptualización de estos puntos en el diseño de un programa de vivienda que pueda ser holístico en su implementación, es un desafío que debemos de mantener vivo en el tiempo, para que constantemente encontremos nuevas respuestas haciendo uso de los aprendizajes del pasado y las nuevas tecnologías que tenemos a disposición.

No debemos de perder de vista, que la falta de un lugar seguro donde familias de escasos recursos puedan vivir dignamente, es la problemática raíz que se debe de abordar con urgencia y prioridad cuando hablamos del concepto de vivienda de emergencia en el largo plazo.