Colegio de Arquitectura

Una deuda pendiente 

Una deuda pendiente 

En América Latina hemos pasado una generación tratando de construir vivienda nueva de interés social por el déficit cuantitativo de la misma. Hasta ahora no hemos podido hacerlo en cantidades suficientes. La gente decidió no esperar a nadie para resolver sus necesidades, la mayor parte de la población recurrió a la autoconstrucción. Desafortunadamente, el difícil acceso a suelo, a tecnologías adecuadas, financiamiento y asistencia técnica, han sido los motivos para que mucha de la vivienda auto producida sea vulnerable a desastres naturales como terremotos, deslizamientos e inundaciones, además de las deficiencias espaciales y sanitarias inherentes a la vivienda informal. Por lo que hoy por hoy en América Latina y El Caribe, el déficit cualitativo en vivienda es mayor que el déficit cuantitativo.

¿Qué arquitectura es más de código abierto que la que la gente produce espontáneamente? Las comunidades construyendo lo que pueden, como pueden, sin ningún tipo de asistencia técnica profesional, ni permiso de las autoridades, pero con creatividad y mucha necesidad de un lugar donde vivir. En ese sentido, no nos queda otra opción más que aceptar que la realidad es que la mayor parte de nuestra gente, sobre todo en Centroamérica se ha provisto a sí misma de soluciones de vivienda sin esperar a Gobiernos ni a entidades públicas. Esto, por supuesto tiene problemas, pero también ventajas. Una ventaja es que la gente está ya adaptada a su entorno y estilo de vivienda. Uno de los problemas es que por las condiciones socioeconómicas de nuestra región estas construcciones se dan casi siempre en terrenos que no son los más aptos para vivienda, poniendo en riesgo desproporcionado a estas comunidades y además dejándolos con pocas posibilidades comerciales en el futuro. Hablamos de quienes viven en barrancos, en los bordos y dentro de las llanuras de inundación y demás. Por otro lado, se trata de poblaciones sin posibilidad ni muchas ganas tener asistencia técnica, lo que las pone en la primera línea en caso de un desastre natural.

No es muy razonable pensar en que vamos a tener en un futuro cercano el recurso para desmantelar toda esa edificación que ya está hecha, que es la gran mancha urbana de la vivienda en la región, y además, poder reconstruirla con arquitectos e ingenieros de manera teóricamente aceptable, segura, y funcional. Lo mejor que podemos hacer es adaptarnos a la realidad y adaptar nuestras viviendas reduciendo las deficiencias que tienen, sin cambiarlas esencialmente, respetando la cultura y la experiencia de vida de quienes las habitan. Esa sería la verdadera representación de la arquitectura a código abierto puesta en práctica.

En Build Change, hacemos precisamente eso: mejoramiento de vivienda, en donde el reforzamiento estructural, con enfoque en resiliencia es una parte esencial. Trabajamos con la gente para que ella misma pueda, con el conocimiento que ya tiene, más el que le aportamos nosotros, mitigar las deficiencias estructurales y de habitabilidad con asistencia profesional. Ésa es la gran tarea pendiente que tenemos en vivienda en Latinoamérica y el Caribe.

Las ciudades grandes de América Central empiezan ya a parecerse más a ciudades como Lima, Bogotá o como el resto de ciudades capitales de Latinoamérica, que cuentan sus millones de habitantes en dos dígitos, y dejaron de ser ciudades de casas informales de un piso, para albergar mayormente viviendas informales de dos, tres, y hasta cinco niveles. Si en este momento no tomamos el problema con la seriedad que amerita, será cada día más grande, multiplicando el riesgo edificado existente.

Esto, lo que quiere decir es que, aunque la importancia de seguir construyendo vivienda nueva sigue vigente, los Gobiernos y la sociedad en general debemos enfocar nuestros esfuerzos en mejorar las viviendas ya edificadas como prioridad. Las cifras de vulnerabilidad en construcciones en la región son altísimas, siendo la exposición a perdida en vivienda uno de los riesgos más altos a los que estamos expuestos, ya sea por sismos, o por eventos climáticos, y de pandemia. El mejoramiento para reducción de vulnerabilidad es posible, y es, según nuestra experiencia en este tipo de programas a nivel global, un 70% más económico que la reposición total, sin tener en cuenta el costo intangible de la habilitación de suelo urbano nuevo, o del trauma de reubicar poblaciones a lugares a los que no están acostumbradas. El mejoramiento es lo más efectivo, y lo menos costoso, no sólo desde un punto de vista monetario.

Desde Build Change, hemos implementado herramientas tecnológicas de punta como metodologías de trabajo en BIM y encuestas digitales. Podemos integrar pensamiento y conceptos de alto nivel técnico de ingeniería estructural y elementos básicos de habitabilidad para que un usuario moderadamente calificado pueda trabajar directamente en campo y pueda ser escalable y menos costoso. Consideramos que el acceso a vivienda digna y segura es un derecho humano, que además en la mayor parte de América Latina y del Caribe está garantizado constitucionalmente. Más allá del derecho, es una deuda social evidente, más aún cuando la calidad de la vivienda impacta la calidad de vida y los indicadores de pobreza, de manera duradera y multidimensional. Se pueden salvar vidas a través de la vivienda resiliente, y ése es el derrotero que seguimos construyendo día a día, junto a socios y aliados.

Sentirnos seguros en nuestra casa es encontrar la tranquilidad que todos merecemos.